El 10 de septiembre de 2015 un tifón asoló el centro y el este de Japón dejando tras de si destrucción, desamparo, tristeza y angustia en las miles de familias que perdieron sus viviendas y sus pertenencias. La foto que precede fue tomada a las 08,06 de un jueves que altero el despertar de la comunidad japonesa.
El tifón Etau , convertido en ciclón extra-tropical, puso una vez mas de relieve la especial idiosincrasia del pueblo japonés. Ante la adversidad: paciencia; ante el desastre natural: aceptación; ante la complejidad del momento: reflexión activa, y ante la dificultad de optar por salvar lo esencial: simplicidad.
La foto, por la hora en que fue tomada, nos muestra a un japonés que estaría terminando de arreglarse para ir a la oficina cuando un ruido inhabitual le hizo asomarse a la ventana y ver que la lluvia, que empezó cuando fue a acostarse, en unas horas se había transformado en un río que que amenazaba con destruir la casa y su contenido. En esa circunstancia , sin tiempo ni para terminar de vestirse, coge una caja de plástico y salva en ella lo que es prioritario para él: tres libros (quizás álbumes de fotos) ,una botella de agua, una almohada y lo que parecen ser unas zapatillas.
Cuando se cuenta con pocos segundos para rescatar tus enseres personales que consideras esenciales el hombre se encuentra sometido a la prueba del 9. Es decir, pondrá a prueba si su sistema de vida le permite reaccionar rápidamente.
¿Qué salvar cuando en pocos segundos todo quedará sumergido en el agua ? ¿Somos capaces de priorizar en esos momentos y salvar lo que de verdad es esencial para nosotros ? Nuestra vida y nuestras casas están organizadas de forma que esa difícil elección pueda realizarse en tan sólo unos segundos.
Estas tres preguntas me golpearon la mente cuando vi esta foto. Y la respuesta ,en mi caso, fue muy decepcionante.
Tenemos las casas tan llenas de cosas aparentemente útiles y aparentemente tan importantes y valiosas que sería muy difícil coger una caja y salvar en ella lo que de verdad me importa. Nuestro amigo japonés se lanza fuera de casa, con corbata y chaleco y su caja que sostiene como algo muy preciado. La rapidez y la decisión para hacer esto depende de dos factores : organización y simplicidad.
Organización , palabra que manejamos con frecuencia para nuestro trabajo pero que muy pocas veces la practicamos en nuestra casa. La segunda y más importante es la simplicidad. Nuestra vida , y nuestras casas, en general son un fiel reflejo de nuestra complejidad. Somos complicados en casi todo y esa complicación se trasmite a nuestro modo de vivir. Nuestro sentimiento de autoestima exige disponer de una casa llena y súper decorada, donde cada armario y cada vitrina están llenos de cosas que no usamos nunca o casi nunca, pero que tenerlos ahí parece que nos da seguridad. Y, sobre todo, es un motivo de orgullo el poder mostrar a los amigos la importancia de nuestro status porque tenemos muchas cosas, coches, joyas, libros, música, etc.
Nuestro amigo, en unos segundos, salvó, gracias a la simplicidad japonesa de entender la vida, lo que consideró esencial para él. Una casa japonesa deslumbra , en general, por la ausencia de cosas, por la luz y los espacios libres, por la desnudez de paredes y muebles y por poner en evidencia lo esencial para el habitante de la casa: una flor, una foto, una escultura, una mesa baja y dos cojines y sientes, en seguida la, paz de la simplicidad.
Nosotros acumulamos tanto en nuestras casas, tenemos tantas cosas inútiles, que en el caso de encontrarnos en una situacion similar a la de nuestro amigo japonés se pondría en evidencia lo absurdo de acumular cosas para «Tener» en vez de reunir pocas cosas para «Ser».
Foto: publicada en elmundo, el 12 de septiembre.

Muy interesante y totalmente cierto. Somos demasiados materialistas. Cuantas menos cosas más simple sería nuestra vida. Enhorabuena por tu primer post!
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Muchas gracias por tu comentario positivo que me anima a seguir en esta vía
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Estoy completamente de acuerdo en lo excesivo del materialismo occidental actual. Máxime si ponemos tal forma de actuar en concordancia con culturas como la japonesa, cuyo lema principal lo constituye el minimalismo. Pero dejo una pregunta por si alguien la quiere contestar: ¿es el minimalismo oriental una forma de pensamiento superior y de desarrollo personal?, o por el contrario es el resultado de un sentimiento de falta de importancia del individuo frente a la comunidad.
Mucho me he preguntado sobre este particular, pues no deja de ser igualmente cierto que la sociedad japonesa se encuentra asolada por una oleada creciente de suicidios sin parangon en ninguna otra cultura del planeta. Ello, suele achacarse a un vacío existencial relacionado con la ausencia de creencias religiosas en el Sintoismo que hagan al japonés medio creer en una vida futura al modo del cristianismo. Ahora bien, si la riqueza interior que teóricamente cultivan y sobreponen al materialismo occidental es tan productiva, ¿que lleva a esta cultura a tener un problema con los suicidios de sus colectivos más sensibles, (adolescentes y personas de la tercera edad)?.
En occidente hemos antepuesto lo individual, el yo, a lo colectivo; los derechos fundamentales no se tienen como pueblo, sino como personas. Esa exaltación del individuo ha llevado a no pocos desatinos, es verdad, pero ha favorecido un clima de paz y desarrollo que nos ha hecho llegar a ser ciudadanos del llamado «primer mundo», partiendo muchas veces, de situaciones de inferioridad económica y cultural. (Baste recordar que Europa en la Edad Media estaba muy por detrás del Islam en lo referente a Ciencia, Tecnología y Cultura en general, y sin embargo en pocos siglos, donde lo único en común han sido los logros de legislación en defensa del individuo frente al Estado, Europa ha adelantado a todas las culturas del planeta).
Nuestros niños están hoy más maleducados que en el pasado, ese es el sentir general de la población y de cualquier charla de sobremesa. La diferencia es que hemos pasado de una cultura en la que se permitían los castigos físicos a una en la que los mismos se persiguen y denuncian. Todos criticamos esta situación, pero no conozco a nadie que autorice a los profesores de sus hijos a ejercer fuerza física sobre los mismos. Lo cierto es que el miedo al castigo funciona, y los que tenemos edad para haber recibido una bofetada o unas cuantas de nuestros educadores, lo sabemos perfectamente, pero no queremos los beneficios de todo ello para nuestros vástagos.
¿Es nuestro desaforado apetito por lo complejo nuestra mayor debilidad o el resultado lógico de una cultura que salvaguarda a toda costa al individuo frente al Estado?.
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Muy interesante tu comentario que te agradezco sinceramente ,porque abras nuevas ventanas a la reflexión.
Creo que el minimalismo japonés es una seña de identidad de la cultura japonesa.como lo es el orden y el sentimiento del honor, que a veces lo llevan a sus ultimas consecuencias.
Europa, es cierto que a partir del renacimiento ha sido la depositaria de la cultura occidental y continua siendo el paradigma de la cultura que no de los avances científicos que actualmente se concentran en EE.UU.
La ola de suicidios , que es cierta, obedece en los jóvenes japoneses , a que , han copiado a nuestros jóvenes en acumular una cultura de lo «electrónico » y donde la espiritualidad se ha abandonado.
En los japoneses mayores, que se impregnaron durante toda su vida de valores entre ellos el del respeto y el del honor, no soportan constituir una «carga» para sus familiares y considerando que han cerrado ya la «etapa» de su vida dan ese paso , que no es sinónimo de vacío sino de «amor» a sus descendientes.( Al menos así lo entiendo yo, sin justificar dicha aptitud)
En cuanto al sistema educativo, donde se empieza por faltar el respeto a los profesores casi de forma sistemática, el niño esta»blindado» legalmente frente a cualquier tipo de castigo corporal.En estas circunstancias se deja en manos de las familias la educación de los comportamientos . Si los padres hacen dejación de esta obligación por comodidad o por rechazo a imponer a sus hijos castigos educativos , estaremos ante una generación que deberá afrontar el día de mañana un mundo para el psicológicamente no están preparados. Dura responsabilidad.
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