
El 30 de abril de 2014 celebré en Bruselas una pequeña fiesta de despedida en el Parlamento europeo, fue una fiesta muy cordial, acompañado por un nutrido grupo de buenos amigos y compañeros para poner «punto final» a 23 años de un trabajo apasionante que tendría , por desgracia, un desenlace inesperado.
Cuando el «grueso» de mis jefes y amigos ya se habían marchado, me sentí sin fuerzas y algo mareado, probablemente debido a la emoción, los discursos de despedida y las dos copas de champan que tome al terminar la fiesta. Como siempre suele pasar, algunos se quedaron rezagados y fueron estos últimos que, con buen criterio, me dijeron que no cogiera el coche para volver a casa. Gabriel, me llevo en su coche y así, a las 20 horas del día 30 de abril abandonaba el parlamento, todavía como funcionario, ya que hasta la medianoche del día 30 de abril no pasaba a ser un pensionista mas de la Unión Europea.
El 1 de mayo ,fiesta del trabajo, me desperté tarde y con mal cuerpo. El malestar de la noche anterior no acababa de marcharse. Siempre había pensado que tendría, al día siguiente de jubilarme, una sensación de vacío al tener que quedarme en casa mientras la vida laboral continuaba para todo el mundo. El calendario quiso que al día siguiente de mi último día de trabajo fuera, un día de fiesta y yo no sentí ese vacío pero me di cuenta , interiormente, que era un día de fiesta» distinto». Efectivamente , a partir de ese momento estaría de vacaciones de manera permanente. Se acabo el disfrute de un día de fiesta a mitad de la semana.
Bruselas , como siempre ,estaba»gris» tenía un vacío tremendo y no me sentía «feliz» de comenzar una «nueva vida». Convencí a Marga para irnos a la Cinemateca para ver una película , de cuyo titulo no me acuerdo. Lo cierto es que empece a sentir un dolor muy fuerte en la espalda que paso después al pecho y que casi me impedía apoyarme en el respaldo de la butaca. Espere al final de la película, para no alarmar a Marga, y al salir la dije: «conduce tu y llévame a urgencias, me encuentro mal».
El hospital que recordábamos mas cercano era la Clínica Leopolold en la» rue Froisart «cerca del cine y allí fuimos. Me recibieron en urgencias pasando delante delante de otros cuando dije que tenía un fuerte dolor en el pecho. Me dijeron que tenía que haber ido antes pero no conteste nada (para que entrar en explicaciones). Me pusieron un goteo y me tomaron sangre para hacer un análisis. Me di cuenta que ese hospital funciona para ciertas urgencias. La muestra de sangre se envió a otro hospital para analizar (serian las 22 horas). A la una de la mañana llegaron los resultados del análisis, se acerco a la camilla un médico joven con la mejor de sus sonrisas y me dijo: «Está usted haciendo un infarto»(traducción literal del francés). Aquí no tenemos una unidad coronaria. Pero no se preocupe que una ambulancia preparada para estos casos (con cuidados intensivos ) está ya de camino para trasladarle al «hospital de Saint Josef» que tiene una magnífica Unidad coronaria como en» Saint luc «pero está mucho más cerca.
Evidentemente , yo ya no le escuchaba, estaba pensando : «hay que fastidarse (bueno no dije exactamente eso ) llevo 23 años trabajando en el Parlamento europeo y me va a pasar esto el primer día de mi jubilación».Marga , me cogía de la mano en la camilla, mientras me llevaban a la ambulancia. Me subieron rápidamente, Marga quiso subir conmigo pero una señora (luego supe que era la médico de acompañamiento de la ambulancia) se lo impidió con firmeza y educación. Lo último que vi mientras se cerraban las puertas de la ambulancia fue la cara de Marga que con lagrimas en los ojos y con una sonrisa me decía que me quería.
Cuantas veces , Dios mío, he visto pasar ambulancias amarillas por Bruselas a toda velocidad y a toda sirena. Nunca pensé que un día, a las dos de la mañana, recorrería las calles desiertas de Bruselas en una ambulancia cuyo conductor parecía que se estaba jugando el salario del mes en esa carrera.
La doctora , resultó para mi una bendición. Se dio cuenta de mi estado emocional inmediatamente y de mi acento y paso directamente a un español muy correcto (luego supe que era de nacionalidad holandesa). Me preguntó que de donde era e inmediatamente me preguntó que si me gustaba el fútbol. Le dije que sí .Entonces serás del Madrid , pues no, soy del Barcelona. (GRAN EXCLAMACIÓN DE ASOMBRO de la doctora)
Entonces, me dijo que a ella le gustaba más Ronaldo que Messi, claro incluso en una ambulancia y con un infarto hay cosas que no se pueden dejar pasar. Me di cuenta que la doctora estaba al día de la liga española. Me di cuenta también que intentaba, con su conversación, sacarme de mi estado mental .Yo la miraba a ella de pie al lado de la camilla sujetándose con una mano al techo de la ambulancia, con el fonendo y tomándome el pulso con la otra mano mientras me hablaba de Messi. Yo alucinaba y me decía Guillen, con un infarto, en una ambulancia conducida por un «loco» peligroso, y hablando de Messi ,y del balón de oro.
La doctora , que se dio cuenta de que yo tenía mas miedo al chófer que al infarto, le dijo dos veces gritando al conductor que aminorase que lo importante era llegar. El que me conozca sabe que rehuyo los aviones ,por miedo, siempre que puedo. Pero juro por lo mas sagrado que como el miedo que pase en la ambulancia no lo he pasado en la infinidad de vuelos que he realizado.
En 10 minutos entrábamos en el servicio de urgencias del hospital Saint Josef. Eso si que era una urgencia. Inmediantamente 4 personas se ocuparon de mi. Me realizaron un análisis de sangre para confirmar los resultados de la Clínica Leopold y el jefe de urgencias me dijo :»si sigue usted empeorando le pasamos a quirófano, si conseguimos estabilizarle , le intervendrán mañana a las ocho.
A las cuatro de la mañana , me dijeron que estaba estabilizado y que me pasaban a la planta de cuidados intensivos hasta la hora de la intervención. Allí me instalaron en una especie de «pecera» con otro señor recién operado de corazón. Marga subió conmigo y a pesar de su insistencia la obligaron a abandonar la habitación.
En las cuatro horas que quedaban hasta la intervención no pude domir. Pense en mis hijos. Pedí a Marga que no les dijera nada, no quería asustarles. Esa misma noche , con buen criterio , ella se lo comunicó.
Tantas veces preocupado por mi trabajo, por los problemas con los diputados, con las urgencias de preparar dosieres para la «Mesa «con las dificultades con mi personal , con tantas y tantas «naderías» que me absorbían completamente sin tener tiempo de pensar en las cosas que verdaderamente importan.
Al amanecer, me vinieron a buscar y me llevaron al quirófano. Todo pasó bien. Diagnóstico:infarto por stress. Cuando me trajeron de vuelta a la unidad de cuidados intensivos y me quedé solo en la pecera. Me desahogue y lloré para poder liberar la tensión de los últimos 23 años.
Hoy, miro todo aquello como una prueba que me llegó en el momento oportuno. Me han dado una segunda oportunidad que no voy a desaprovechar.