
El salto del comunismo al capitalismo en Rumania con la caída de Ceausescu (1989) introdujo poco a poco cambios profundos en le sistema de vida del país. Este cambio se acelera de forma importante desde la entrada de Rumania en la Unión europea en el año 2007 y hoy día, 8 años después, Rumania es un país que ha avanzado, a pesar de las dificultades políticas y económicas, de una manera resuelta.
La economía ha ido cogiendo fuerza y aunque sigue siendo el país con la renta mas baja de la Unión europea después de Bulgaria (unos 350 euros de salario medio mensual) basta pasearse por el centro de Bucarest para apreciar la evolución de este país.
Pero, ¿cómo se ha realizado esta rápida evolución en las costumbres y forma de vivir en los pueblos situados en la Rumania profunda como el que describí en la primera parte? ? Han evolucionado al mismo ritmo que las grandes ciudades o se han quedado anclados en el pasado?
Si tuviera que destacar una primera característica diría que la gente del pueblo practica de modo permanente el «respeto», entendido este como norma de educación elemental. A las mujeres de un cierto nivel se les saluda con la frase «Señora, beso su mano» y los hombres se quitan el sombrero negro para saludar. Cuando me presentaron a un viejo del lugar este hombre se inclino y, para mi asombro, me beso la mano.
La gente se persigna, en señal de respeto, cuando pasan delante de una iglesia o un cementerio. Y esto lo hacen tanto los jóvenes como los viejos sea en el pueblo o en Bucarest. Por último, nadie entra en tu casa sin descalzarse previamente en señal de respeto a tu intimidad y por limpieza. Para ello es costumbre disponer en la entrada de las casas zapatillas de tallas diversas para que las utilicen los que no quieren quedarse en calcetines. Entrar calzado sería considerado como una falta de educación imperdonable.
La paradoja se presenta cuando ves el atraso que se percibe en su forma de vida junto a la eclosión de la disponibilidad de información que ha traído internet de la que casi nadie se priva, mientras siguen anclados en un sistema de vida difícilmente comprensible para un ciudadano europeo.
Las enormes posibilidades que tiene el disponer de electricidad (tv, y tv por satélite, internet, telefonía fija y movil etc.) han llegado hasta los últimos rincones de Rumania pero, las costumbres y las formas de vida en estos pueblos y especialmente en este, perdido en las estribaciones de los Carpatos, no han variado mucho desde comienzo del siglo pasado debido a la especial idiosincrasia y carácter de sus habitantes.
La segunda característica de la gente se puede encontrar visitando un cementerio (si quieres conocer la especial forma de ver la vida de un pueblo, es preciso conocer el culto a sus difuntos.) El cementerio del pueblo es muy pequeño y poco cuidado, esta situado a la entrada del pueblo rodeado de un paisaje de bosque y montaña, verdaderamente un lugar hermoso. En las tumbas observe que cada una de ellas tenia la foto de un hombre y una mujer y me extraño que los matrimonios murieran casi al mismo tiempo, aunque luego me di cuenta de que había una sola fecha. Cuando pregunte por la ausencia de la segunda fecha me indicaron que se pondría cuando muriese el esposo o la esposa. Aparentemente, se suele poner las fotos sobre las tumbas antes de morirse, con independencia del momento en que vayan ha ser ocupadas. Extraña sensación me daría ir al cementerio de visita y ver mi foto esperándome sobre una tumba (probablemente no haría muchas visitas).
La muerte en este pueblo es un hecho luctuoso y social. Los amigos acuden a la casa del difunto, donde el difunto permanece durante tres días y la casa se transforma en un centro de reunión de amigos y conocidos. Se llora mucho y las mujeres alaban, entre sollozos y gritos las virtudes del difunto.
Con esta ocasión es costumbre distribuir entre los amigos del difunto/difunta algunas de sus pertenencias personales: trajes, vestidos, sombreros, camisas u objetos personales en funcion del grado de amistad que tuvieran con el finado.
El fallecimiento de una persona obliga a los familiares a organizar una serie de comidas para los conocidos mas cercanos (puede ser entre 30 y 50 personas). La primera se produce el día del entierro. La segunda a las 3 semanas y después a 6 semanas, 3 meses, 6 meses, 1 año y a los 7 años. Estas comidas son conservadas como una tradición que nadie osa contravenir pues iría, a ojos de los vecinos, en detrimento de la estima que la familia tenia por el difunto. No hay que menospreciar el coste económico que tal tradición supone para la familia del difunto que a la pena moral debe añadir, a veces, el endeudamiento familiar.
La tercera característica mas importante de la gente de este pueblo es la autonomía en el consumo familiar. Todas las familias del pueblo tienen garantizado una alimentación natural producida por ellos mismos: Leche de las vacas y sus derivados (quesos y yogures) carne de los terneros, cerdos, pavos y gallinas, huevos de las gallinas, productos de la huerta, uva para hacer vino y snaps (orujo) , frutas de sus arboles, miel de las abejas y forraje para los ganados.
Se cocina con la grasa del cerdo, y se compra el aceite solo para la ensaladas y para cocinar en tiempo de cuaresma. El pan, imprescindible como acompañamiento de toda comida, es siempre abundante en la mesa. Evidentemente el pan y el aceite se compran en el único establecimiento disponible en el pueblo. Si quieres productos frescos debes ir a buscarlos al supermercado que se encuentra a 15 km.
La cuarta característica es el rechazo visceral a la puesta en marcha de servicios que deberían considerarse elementales (agua corriente, red de saneamiento, calefacción). Todo el mundo dispone de un o dos pozos de agua en su tierra o jardín con el que por medio de un hidróforo (pequeño motor eléctrico) obtiene, de forma gratuita, el agua necesaria para la casa. Por otro lado cada casa tiene instalada fuera de la misma y a la mayor distancia posible, (por razones obvias) un pozo negro sobre cual se instala una letrina, en forma de caseta de madera y que sirve como única «toilet » para toda la familia.
Para poner fin a todas estas incomodidades, por decirlo finamente, (la cuestión es evidente si uno tiene necesidad de usarlo por la noche) las autoridades han intentado introducir los servicios correspondientes. Estas propuestas han sido rechazadas en cuanto los vecinos han hecho el calculo del coste mensual que la introducción de tales servicios les acarrearía. Dicho esto, debo decir, que en la casa que ocupamos hay un cuarto de baño, lo que salvo mi honor y mi estima personal y que garantizo mi presencia en este lugar que de otro modo hubiera sido imposible. La ultima vez que utilice una letrina fue haciendo la mili en «Monte la reina» (Zamora), y al salir de allí me jure que seria la ultima vez en mi vida.
La quinta característica a señalar es que en el interior de las casas no hay calefacción (en el invierno se llega a menos 27 grados). Para salvar este dificil «escollo» cada habitación de la casa tiene una artística estufa hecha en cerámica, de gran colorido y belleza que se alimenta de madera (fácil y barata de obtener al estar rodeado el pueblo de bosques). Este sistema produce un calor que puede llegar a ser agobiante pero que con esas temperaturas se agradece en extremo.
La sexta característica de esta «gente» es la desconfianza total hacia su sistema sanitario. Rumanía tiene un sistema de asistencia sanitaria gratuita y universal; es decir : gratuidad en todos los hospitales y centros de salud de la seguridad social y en donde, en función de la gravedad de la enfermedad, eres atendido o enviado a otro hospital mas lejano y mejor dotado. El hospital que se encuentra en la pequeña ciudad situada a 15 km del pueblo y que he visitado en dos ocasiones para cosas menores (picadura de avispa, y conjuntivitis) invita a pasar de largo. Tiene aspecto de hospital de campaña después de un bombardeo. La gente, en cuanto tiene algo serio, prefiere hacer los 200 km que le separan de Bucarest para ser operado.
La atención médica: el sobre
He sido testigo por razones familiares, en dos visitas al hospital militar de Bucarest, (hospital de prestigio con buenos cirujanos con diferente rango militar y adscrito a la seguridad social) como los enfermos antes de una operación entregan una serie de sobres al cuerpo medico en los que se introducen cantidades de dinero, distintas en función del destinatario: Cirujano jefe, ayudante, anestesista, enfermeras etc. Todos son retribuidos antes de la operación , en función de su categoría, pues ningún paciente osaría pasar al quirófano sin estar seguro de que han recibido cada uno de ellos los sobres. Los enfermos cuando llegan a un hospital que no conocen lo primero que hacen es enterarse de la «tarifa» preguntando a otros pacientes.
El cuerpo médico, salvo en un caso, del que también fui testigo, recibe sin pestañear los sobres y sin mirar el contenido se lo guardan. (No tienen la menor duda de que la cantidad recibida es la «correcta»). Llegado a este punto debo decir que ningún medico solicita jamas la entrega del sobre. Esta costumbre o forma de conducta del paciente, es debido al miedo de no ser correctamente atendido sin efectuar previamente un pago. Lo cierto es que el sistema funciona así y así sucede desde la época del comunismo.
Este «cáncer» del sistema se extiende también a los pequeños niveles de los servicios públicos. El administrado que se acerca al ayuntamiento o a cualquier oficina administrativa para obtener un permiso, licencia o simplemente información suele llevar consigo un pequeño «obsequio» (bombones, caramelos y otros pequeños detalles) para que el tramite en cuestión, sea tratado con diligencia. El funcionario público, en general, se siente dueño y señor y el administrado es tratado desde la «altura» de la «ventanilla» no como un sujeto de derechos, sino mas bien como un súbdito al que no se le debe respeto ni se le trata con educación. Basta observar con que humildad se acercan a solicitar lo que por legítimo derecho de ciudadano les corresponde.
Si tuviera que resumir, sin poder ser exhaustivo, diría que la gente del «pueblo llano» es desconfiada por naturaleza, pero respetuosa, afable y muy entrañable cuando te reciben en su circulo familiar. Las condiciones de vida de estos pueblos chocan con nuestra cultura del bienestar. Pero haciendo abstracción de estas dificultades materiales, en este pueblo que yo describo, donde se respira la belleza de la naturaleza, se siente el silencio y te envuelve la tranquilidad, es un lujo y un refugio ideal para gente que tenga ganas de parar el reloj y sentarse, observar el presente y pensar en las cosas que verdaderamente valen en la vida.