DESPUES DEL BREXIT, ¿HACIA DÓNDE VA EUROPA?

Cuando te levantas por la mañana y te encuentras con el «Brexit» parece que es como un mal sueño que se hace realidad.

En estas 48 horas que han seguido al referendum británico se han alzado ya mil voces y opiniones de expertos y conocedores de la Unión Europea avanzando las consecuencias y «peligros» de esta inesperada decisión del Reino Unido.

Se buscan culpables, se proponen soluciones, se convocan reuniones de urgencia y todos se hacen estas dos preguntas:

¿Por qué hemos llegado a esta situación? ¿Que vamos a hacer ahora?

¿POR QUÉ HEMOS LLEGADO A ESTA SITUACIÓN?

Los problemas complejos nunca admiten respuestas simples. No quiero ser un erudito del tema  pues doctores tiene la santa madre iglesia. Pero si quiero hacer hincapié en dos de los aspectos mas importantes que han originado esta situación.

Entre los socios europeos siempre ha habido dos corrientes contrapuestas: las decididamente europeístas, y las que,  especialmente a partir del tratado de Maastrich, se han situado en la «oposición» a toda idea integradora, a la constitución de una idea «federal» de la Union europea.

El euro, desde su nacimiento, surgió lastrado por la insuficiencia de su construcción ( todo funcionó hasta la llegada de la crisis económica que puso de manifiesto la ausencia de una fiscalidad común, un tesoro europeo y de un presupuesto único que sostuviera  y asegurase el control de esa fiscalidad común).

Las muchas ventajas de la moneda común  no pudieron ponerse de manifiesto cuando hizo falta en plena crisis y desde entonces, se han ido poniendo «parches» para intentar cortar la «hemorragia» que suponía hacer frente a una situación de crisis extraordinaria sin poder utilizar los mecanismos propios de un estado federal.

El espacio de libertad de movimiento, esencia de la Unión europea, se ha resquebrajado cuando ha sido sometido al test de la crisis de los refugiados. Toda la filosofía y los derechos proclamados  por la Unión europea sobre el asilo y la acogida de «refugiados» políticos se ha venido abajo literalmente y se ha sustituido por medidas de emergencia financiando masivamente la creación de un «tapon» en Turquía para frenar la «invasión» desesperada de gente huyendo de la guerra.

Las «sensibilidades anti europeas» se han puesto «en marcha» en varios países de la Unión, con el Reino Unido al frente, para hacer saltar «Schengen» y fijar posiciones radicales pidiendo el restablecimiento de las fronteras  nacionales, como única solución posible para detener y contener esta invasión de refugiados.

Convocar un referendum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea en este periodo de crisis económica  profunda, de la que Europa todavía no ha salido, y de una» eurofobia» alimentada y justificada en la «invasión» de los refugiados, constituye un acto de grave irresponsabilidad política al  que la historia juzgara en sus justos términos. La dimisión del Primer Ministro Inglés, aunque necesaria, no le redimirá jamás del acto mas grave cometido por un político desde la segunda  guerra mundial al convocar un referendum , sin fijar unas garantías minimizas (mayorias «reforzadas» ) indispensables cuando se somete al «pueblo llano» una decisión de tan enormes consecuencias políticas, económicas y sociales.

¿QUÉ VAMOS A HACER AHORA?

Es la hora de los grandes decisiones y de un liderazgo fuerte que puede empuñar el timón en estos momentos tan cruciales de la historia europea.

La máxima «Ignaciana» de «en tiempos de turbación no hacer cambios»,  creo que no  puede aplicarse a la situación presente. Los tiempos exigen hacer cambios profundos.

  • Los que quieran que la «Unión Europea» sea solamente un espacio de libre comercio, un gran mercado interior en el que circulen libremente los capitales, que lo digan ahora o que se callen para siempre.
  • Los que quieran que la Union Europea, además de un mercado único, sea una Unión política, con una moneda única , firmemente sustententada en una unión presupuestaria y fiscal, que den un paso al frente.

Ahora no cabe quedarse «emboscado» entre los 27  y decir con grandes declaraciones que lo que hace falta es mas Europa para poner después objeciones y pedir regímenes excepcionales que les eximan de las obligaciones pactadas, conductas  que se encuentran en el origen de los males que ahora estamos padeciendo.

El momento de las grandes crisis es la ocasión también para las grandes «soluciones». O vamos todos juntos (los 27) o se establece, de una vez por todas, la Europa a varias velocidades.

No podemos seguir avanzando todos juntos si unos» quieren y pueden «ir en coche y  otros prefieren  o solo disponen de una bicicleta para desplazarse.

El Reino Unido nunca se sintió integrado en el» matrimonio europeo». La proclamación del deseo de divorciarse es irreversible. Cuando se ha pedido el divorcio, no es bueno seguir compartiendo el domicilio conyugal pues lo que antes se toleraba,  pensando que  en el fondo «nos quiere» ahora resulta inadmisible.

La petición formal de este divorcio ( le corresponde al primer ministro Ingles dirigir una carta al Presidente del Consejo Europeo) no puede esperar tres meses. Una vez que uno ha decido apartarse del «conyuge» la tramitación de la separación » de cuerpos y de bienes» debe comenzar de inmediato.Cualquier retraso en ello originara un desconcierto europeo y mundial por sus repercusiones en la economía , finanzas  y el comercio de todos los países implicados por esta decisión.

La redacción del convenio matrimonial de divorcio puede ser rápida, si de hace de forma amigable, y puede constituir un calvario si se hace por lo contencioso.

Evitemos  pues que, al sufrimiento que una ruptura lleva siempre consigo, se añada  el dolor de una negociación innecesariamente retrasada  por el cónyuge que ha pedido el divorcio.

Foto: http://www.spectator.co.uk/2016/01/what-brexit-would-look-like-for-britain/

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